clases de sevillanas en Madrid

Pocas danzas cuentan una historia tan larga como las sevillanas. Desde las seguidillas castellanas hasta los tablaos de hoy, este baile ha evolucionado sin perder su esencia. Te cuento su viaje completo.

Cada vez que veo a una pareja girando al ritmo de las campanas del guitarreo, pienso en algo que mis alumnos a veces no valoran lo suficiente: las sevillanas no nacieron ayer. Detrás de cadabraceo, de cada zapateado, de cada giro sobre el talón, hay siglos de historia acumulada. Hay un recorrido que va desde los patios de las casas castellanas del siglo XVI hasta los escenarios internacionales de la danza contemporánea.

La historia de las sevillanas es mucho más que una cronología de fechas y nombres. Es la historia de un pueblo que ha sabido reinventar sus tradiciones sin romper con ellas. Es el relato de cómo una danza popular se convirtió en un símbolo cultural de identidad, y de cómo sigue viva porque supo adaptarse. Si te interesa entender de dónde vienen las sevillanas y por qué siguen siendo tan relevantes, quédate porque el viaje merece la pena.

¿De dónde vienen las sevillanas? Las raíces en las seguidillas

Para entender el origen de las sevillanas, tenemos que retroceder varios siglos. Y lo primero que hay que tener claro es que las sevillanas no aparecieron de la nada: son herederas directas de una familia de danzas que ya existía en la España del Renacimiento.

Hablamos de las seguidillas, un tipo de baile y canto que se documenta en Castilla ya en el siglo XVI. Las seguidillas eran danzas de pareja, alegres, con un compás que variaba según la región, y se bailaban en todo tipo de celebraciones: bodas, romerías, fiestas patronales. Eran un fenómeno popular, no cortesano, lo que significaba que cada zona las adaptaba a su propio carácter.

Las seguidillas manchegas, por ejemplo, tenían un aire más recio y marcado. Las seguidillas castellanas eran más líricas. Y en Andalucía, especialmente en Sevilla y sus alrededores, las seguidillas fueron evolucionando de manera particular. Se fusionaron con elementos que ya estaban presentes en la cultura andaluza: los palos flamencos, los compás de doce tiempos, la guitarra como instrumento vertebral.

«Las sevillanas son, en el fondo, seguidillas que se enamoraron del flamenco. Ese cruce es lo que les dio alma.»

Hay una teoría muy extendida entre los historiadores del baile que señala que el nombre «sevillanas» se popularizó precisamente porque estas danzas tenían su epicentro en Sevilla. No es que fueran inventadas allí, pero fue en la capital hispalense donde cristalizaron como un género diferenciado. La Sevilla de los siglos XVII y XVIII era un hervidero cultural: convivían los romances castellanos, los influjos flamencos, las tradiciones moriscas residuales y una vida nocturna y festiva que pocas ciudades europeas podían igualar.

En ese caldo de cultivo, las seguidillas andaluzas fueron ganando en ritmo, en zapateado y en presencia escénica. Lo que antes era un baile más bien contenido pasó a exigir más movimiento de pies, más juego de manos y una conexión más intensa entre la pareja.

La influencia del flamenco en el siglo XVIII

Si las seguidillas fueron la semilla, el flamenco fue el agua que la hizo crecer. En el siglo XVIII, el flamenco no existía como tal —todavía no se le llamaba así—, pero sí había una serie de prácticas musicales y dancísticas en Andalucía que compartían rasgos comunes: el cante jondo, las formas de tocar la guitarra, los palos rítmicos que más tarde se sistematizarían.

Lo que ocurrió fue una convergencia natural. Los cantaores, los guitarristas y los bailaores que frecuentaban las reuniones de los barrios populares de Sevilla —Triana, San Pedro, el Arenal— empezaron a integrar las estructuras rítmicas de las seguidillas con los palos flamencos. Así, un compás de seguiriyas podía convivir con una melodía de seguidillas, y el resultado sonaba distinto a lo que había antes.

Es en este momento cuando empieza a definirse lo que hoy conocemos como sevillanas flamencas historia viva: una danza que ya no es puramente seguidilla, sino que incorpora el lenguaje del flamenco en su forma, en su ejecución y en su espíritu. El cuerpo del bailaor ya no se mueve igual: hay más braceo, más marcaje, más juego de falsetas con los pies.

También hay que mencionar un factor social clave: las cofradías y hermandades religiosas. En Sevilla, las procesiones de Semana Santa eran ya un fenómeno masivo en el XVIII, y la música que acompañaba a las cofradías —saetas, marchas, toques de corneta— estaba presente en la memoria colectiva. Algunos musicólogos apuntan a que ciertos rasgos melódicos de las saetas sevillanas dejaron huella en la melodía de algunas sevillanas clásicas que luego se consolidarían.

El siglo XIX: cuando las sevillanas se convirtieron en las sevillanas

Llegamos al momento decisivo. Si alguien me pregunta cuándo se crearon las sevillanas tal como las conocemos hoy, la respuesta apunta al siglo XIX. Fue en ese siglo cuando las sevillanas pasaron de ser una danza popular más o menos difusa a convertirse en un género codificado, con una estructura clara y un repertorio que empezó a fijarse.

El siglo XIX fue un período de efervescencia cultural en Sevilla. La Feria de Abril, que se celebró por primera vez en 1847, fue creciendo hasta convertirse en el escaparate más visible de la identidad sevillana. Y las sevillanas se convirtieron en la banda sonora de esa feria. Los casetas, los paseos de caballos, las mujeres con mantón de Manila y los hombres con traje corto… todo eso estaba ya ahí, y las sevillanas eran el hilo musical que lo unía.

Pero no fue solo la Feria. En ese mismo siglo XIX, los cafés cantantes empezaron a multiplicarse por Andalucía. Estos espacios —medio café, medio tablao— fueron decisivos para la profesionalización del cante y del baile flamenco. Los bailaores tenían que ofrecer algo reconocible, algo que el público esperara, y las sevillanas eran un número infalible. Si un bailaor no sabía bailar sevillanas, simplemente no era completo.

Fue en este contexto cuando se consolidaron las cuatro sevillanas clásicas que todavía hoy son la base de todo el repertorio. Las cuatro sevillanas clásicas son:

  • Sevillanas de San Fernando: probablemente las más antiguas y conocidas. De un aire solemne y elegante, con una melodía que cualquiera reconoce al primer compás.
  • Sevillanas de Triana: más vivas, más alegres, con un ritmo que invita a la celebración. Llevan el nombre del barrio Triana, cuna de innumerables artistas flamencos.
  • Sevillanas del Puerto (de Santa María): con un carácter más marcado y una copla que refleja la devoción por la Virgen del Puerto, patrona de la localidad gaditana.
  • Sevillanas de Los Remedios: dedicadas a la Virgen de los Remedios, patrona de Triana. Son las que cierran el ciclo clásico y tienen un aire ligeramente más melancólico.

Estas cuatro sevillanas no se crearon de golpe. Fueron popularizándose poco a poco, transmitidas de generación en generación, hasta que se convirtieron en el canon. Cada una tiene su copla, su melodía y su personalidad, pero todas comparten la misma estructura: cuatro partes de ocho compases cada una, con una estrofa cantada al inicio de cada una.

SevillanaOrigen / Dedicada aCarácterCompás más distintivo
San FernandoSan Fernando, rey de Castilla y SevillaSolemne, majestuosaEntrada grave con guitarra sola
TrianaBarrio de Triana, SevillaAlegre, festivaRitmo más marcado en el zapateado
El PuertoVirgen del Puerto, El Puerto de Santa MaríaMarcada, devotaCopla de clara inspiración religiosa
Los RemediosVirgen de los Remedios, TrianaMelancólica, profundaCierre más contenido y emotivo

La Feria de Sevilla y las sevillanas: un matrimonio perfecto

No se puede entender la historia de las sevillanas sin hablar de la Feria de Abril de Sevilla. Esta feria, que inicialmente era una feria ganadera y comercial, se transformó durante la segunda mitad del siglo XIX y todo el XX en un evento cultural de primer orden. Y las sevillanas estuvieron ahí desde muy temprano.

La relación es tan estrecha que, para mucha gente, sevillanas y Feria de Sevilla son sinónimos. Pero es importante entender que la feria no inventó las sevillanas: las canalizó, las popularizó y las convirtió en un ritual colectivo. Bailar sevillanas en la feria dejó de ser una actividad artística para convertirse en un acto de pertenencia, de identidad. Cuando una familia sevillana se reúne en su caseta y pone a los niños a bailar sevillanas, está haciendo algo mucho más profundo que un baile: está transmitiendo memoria.

En la Feria de Abril, las sevillanas se bailan de la mañana a la madrugada. Los cascos de las mujeres golpean el suelo de las casetas, las faldas se abren como abanicos en cada giro, y los hombres sostienen la mano de su pareja con una mezcla de orgullo y cuidado. Todo eso tiene siglos de tradición detrás, y todo eso forma parte de la identidad de Sevilla.

Hay un detalle que me gusta contar a mis alumnos: antes de la Feria de Abril, existía la Feria de San Miguel (septiembre), que también tenía sevillanas. Pero fue la de Abril la que ganó protagonismo porque coincidía con la primavera, con el buen tiempo, con la alegría después del invierno. Y las sevillanas, con su carácter alegre y luminoso, encajaron perfectamente con ese espíritu.

Las sevillanas en el siglo XX: entre la tradición y la innovación

El siglo XX trajo cambios profundos en todas las formas de arte, y las sevillanas no fueron una excepción. Lo primero que hay que entender es que la evolución de las sevillanas en el XX fue tensionada por dos fuerzas opuestas: por un lado, la necesidad de conservar la tradición; por otro, la tentación de innovar.

En la primera mitad del siglo, las sevillanas siguieron siendo fundamentalmente una danza popular. Se bailaban en ferias, en bodas, en fiestas patronales. Los grandes bailaores de la época —Manuel el Sevillano, La Argentinita, Antonio Ruiz Soler— las incorporaban a sus espectáculos, pero sin alterar su esencia. Eran sevillanas como siempre: cuatro partes, copla, zapateado, giro.

Pero a partir de los años 50 y 60, algo empezó a cambiar. La televisión llegó a España, y con ella una nueva audiencia. Las sevillanas se convirtieron en un número habitual de los programas de variedades. Los cantantes populares —Pepe Isidro, Las niñas de Écija— grabaron sevillanas que sonaban en la radio. Y eso abrió un debate que todavía dura hoy: ¿son las sevillanas flamenco o copla?

La respuesta, como casi todo en el flamenco, es complicada. Las sevillanas populares, con sus arreglos más suaves y sus melodías más pegadizas, se acercan a la copla andaluza. Las sevillanas flamencas, con su guitarra más arropada, su cante más profundo y su zapateado más técnico, se mantienen dentro del ámbito del flamenco puro. No hay una línea roja clara, y esa ambigüedad es parte de su riqueza.

En la segunda mitad del siglo XX, también aparecieron nuevas sevillanas que se añadieron al repertorio clásico. Algunas se han quedado, otras se han perdido. Entre las que se han quedado, destaco especialmente:

  • Sevillanas de la Virgen de la Encarnación — muy populares en Madrid.
  • Sevillanas de la Macarena — dedicadas a la esperanza de Triana.
  • Sevillanas de María Auxiliadora — con un carácter más devoto.
  • Sevillanas de la Alameda — más recientes, con un aire más urbano.

Estas sevillanas nuevas siguieron la estructura clásica —cuatro partes de ocho compases— pero con melodías más accesibles y coplas que hablaban de realidades más cercanas al público general.

La evolución de las sevillanas: fusión, pop y globalización

Si la pregunta es cuándo se crearon las sevillanas modernas, la respuesta es: siguen creándose. Las sevillanas son un género vivo que no ha dejado de evolucionar. En los últimos decenios del siglo XX y los primeros del XXI, hemos visto fusiones con otros géneros musicales que habrían sido impensables para nuestros abuelos.

Los grupos de rock andaluz —Pata Negra, Reincidentes— versionaron sevillanas con guitarras eléctricas. Los DJs las remezclaron para las fiestas de carnavales. Artistas como Los del Río popularizaron sevillanas con arreglos de pop que llegaron a un público masivo. Y más recientemente, artistas del trap, el reggaetón y la música urbana han sampleado melodías de sevillanas en sus temas.

Pero hay algo fascinante en todo esto: por mucho que cambien los arreglos, la estructura básica se mantiene. Sigue siendo una danza de pareja, sigue teniendo cuatro partes, sigue exigiendo esebraceo particular, esezapateado y esos giros que la distinguen de cualquier otro baile. La sevillana ha sobrevivido a cada revolución musical porque su esencia es demasiado potente como para diluirla.

«He visto sevillanas bailadas con música electrónica, con piano, incluso con saxofón. Y siempre reconocibles. Eso no lo logra cualquier danza.»

También hay que mencionar la internacionalización. Las sevillanas ya no se bailan solo en España. Hay escuelas de sevillanas en Japón, en Estados Unidos, en Alemania, en Argentina. Cada vez hay más extranjeros que se acercan a aprenderlas, atraídos por la fiesta de la Feria de Abril que se celebra en ciudades de medio mundo. Y eso, como profesor, me encanta porque significa que esta danza tiene la capacidad de conectar con personas de cualquier cultura.

Las Sevillanas hoy: una tradición viva

Llegados a este punto, es natural preguntarse: ¿dónde están las sevillanas hoy? La respuesta es: en todas partes. Y en ningún sitio mejor que en las aulas de baile donde yo paso mis jornadas.

He dedicado años de mi vida a enseñar sevillanas, y lo que observo es un público más diverso que nunca. Hay señoras de sesenta años que quieren bailar en la feria con su nieto. Hay chavales de veinte que se acercan porque vieron un vídeo en YouTube. Hay parejas de recién casados que quieren sorprender con una sevillana en su boda. Y hay bailarinas profesionales que siguen perfeccionando su técnica después de décadas.

Las sevillanas están vivas porque se adaptan a cada generación sin perder lo esencial. Si quieres aprender, el camino es claro: empieza por las cuatro sevillanas clásicas, entiende su historia, siente su compás, y luego ya llegará la hora de experimentar con fusiones y estilos nuevos. No hay atajos, pero el camino es apasionante.

Si estás en Madrid y quieres vivir esta experiencia de cerca, te invito a echar un vistazo a mis clases de sevillanas en Madrid. Porque la mejor manera de entender la historia de las sevillanas es bailándolas.

Las sevillanas en la cultura popular: cine, televisión y literatura

No cerraría este recorrido por la historia de las sevillanas sin mencionar su presencia en la cultura popular. Las sevillanas han aparecido en películas, series de televisión y libros que han contribuido a difundirlas más allá de Andalucía.

En el cine español, directores como Carlos Saura y José Luis García Sánchez incluyeron sevillanas en películas que se proyectaron internacionalmente. «Sevillanas» (1970) de Carlos Saura es probablemente la más emblemática: una película entera dedicada a este baile, con coreografías espectaculares y una fotografía que captura la esencia del gesto sevillano. También recuerdo la película «El Amor Bola de Nieve» y otras cintas que pusieron las sevillanas en la pantalla grande.

En televisión, desde los primeros programas de variedades de Televisión Española hasta las galas actuales de Semana Santa, las sevillanas han estado siempre presentes. Son el baile que aparece cuando se quiere evocar Andalucía, cuando se quiere transmitir alegría, fiesta y tradición. No hay un único anuncio de turismo de Andalucía que no incluya unas sevillanas.

En la literatura, los poetas sevillanos del 27 (Fernando Villalón, entre otros) mencionaron las sevillanas en sus versos. Y en la copla española, decenas de letras hablan de sevillanas, de ferias, de mantones y de olor de azahar. Las sevillanas forman parte del imaginario colectivo español de una manera que pocos bailes pueden aspirar a igualar.

Cómo se bailan las sevillanas: lo básico para entender su estructura

Aunque este artículo no es un manual de baile, creo que es útil que el lector entienda la estructura básica de las sevillanas para apreciar mejor su historia. Porque entender cómo se bailan es entender por qué han durado tanto.

Cada sevillana se compone de cuatro partes iguales. Cada parte tiene ocho compases. Al inicio de cada parte se canta una copla, que generalmente tiene cuatro versos. Las dos primeras coplas son de presentación («Primera» y «Segunda»), la tercera es la de «cierre» y la cuarta es la de «salida».

La estructura se repite así:

  1. Primera sevillana: la de entrada, la más solemne. Se suele bailar con más contención.
  2. Segunda sevillana: se anima el ritmo, la pareja empieza a jugar más con los giros y los pases.
  3. Tercera sevillana: la de más técnica, la que permite los movimientos más elaborados.
  4. Cuarta sevillana: la de cierre, la que remata la sevillana con un giro final o una pose.

Esa estructura tan definida es una de las razones por las que las sevillanas han pervivido: es un marco que permite infinitas variaciones personales dentro de un esquema reconocible. Cada bailaor las hace suyas sin romper la forma. Y eso es, en el fondo, la definición perfecta de una tradición viva.

El futuro de las sevillanas: ¿hacia dónde van?

Si algo he aprendido en todos estos años enseñando, es que las sevillanas no tienen techo. La historia de las sevillanas no ha terminado: sigue escribiéndose. Hay coreógrafos jóvenes que están creando sevillanas contemporáneas con elementos de danza contemporánea, de ballet e incluso de acrobacia. Hay cantaores que las están versionando con arreglos minimalistas que las acercan a un público urbano. Y hay escuelas que están formando a la nueva generación de bailaores con una base sólida de tradición y una mirada abierta a la innovación.

Yo siempre digo lo mismo a mis alumnos: si entiendes la historia de las sevillanas, puedes bailarlas con libertad. Porque no estás repitiendo un movimiento vacío: estás conectando con siglos de tradición. Y eso se nota. Se nota en cómo sostienes la mano de tu pareja, en cómo giras sobre tu talón, en cómo dejas que la música te guíe.

Las sevillanas vinieron de las seguidillas castellanas, crecieron con el flamenco, se consolidaron en las ferias, resistieron los embates de la modernidad y hoy siguen aquí, vivas y pujantes. Pocas danzas en el mundo pueden presumir de algo así. Y yo, como profesor de baile, me siento honrado de ser un eslabón más en esa cadena que no se rompe.

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